jueves, 31 de diciembre de 2009

Día 10. El ritual

Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse. ¡Feliz Año Nuevo!

¡31 de Diciembre! Este día siempre resulta en cierto modo “mágico”, un poco extraño porque supone dar por cerrado el año y empezar otro que no sabemos qué nos va a ofrecer, salvo que alrededor del 21 de marzo nos traerá una primavera bulliciosa, cerca del 21 de junio un verano que se prevé caluroso, y sobre el 21 de septiembre el otoño irá preparando el tiempo para que de nuevo un 21 de diciembre nos venga con su frío y sus cositas. Oigan… ¡cómo adelanto acontecimientos! Es que me acabo de dar cuenta de que es lo único (o casi) que puedo asegurar para 2010.

Cada año en un día como hoy salen a relucir los “rituales” para intentar atraer la suerte, la fortuna, el trabajo, el amor y/o la salud. También para alejar la fatalidad. Recuerdo cuando era pequeña y pasaba las Navidades en el pueblo de mis padres. No era un “ritual” en sí, pero mi abuelo Ramiro siempre me recordaba al levantarme el día de Nochevieja que tenía que ir a la plaza mayor para ver a “un señor que tiene más ojos que días tiene el año”. Qué impresión me daba imaginarme a semejante señor, con tantos ojos… no sabía cómo colocárselos, todos en la cara, o incluso en la cocorota… con el paso del tiempo ya le pillé el truco: ¡cualquier señor de la calle tiene más ojos que un año a día 31 de diciembre! Cómo se pasan los mayores con los inocentes e incautos niños, jolines.

Me ha dado por investigar, y se confirma que los ritos findeañeros son casi tan antiguos como la propia civilización. Es la esperanza de un nuevo comienzo, de que el nuevo año sea mejor que el anterior. Por ejemplo con las 12 uvas: a mí me resultaría muy desconcertante escuchar las últimas 12 campanadas sin comerlas. Luego están otras supersticiones como llevar ropa interior de color rojo, beber champán en una copa con un anillo de oro dentro, escribir en un papel lo malo (¿o era lo bueno? Es que nunca lo hago…) y después quemarlo…

En Italia comen lentejas. En mi casa algunas veces las hemos tenido para comer en este día, pero mi madre ha debido de equivocar la fecha en el calendario o no ha hecho caso en esta ocasión, porque nos las puso ayer. Tal vez son de “suerte con efecto retardado”.

Parece ser que en Alemania brindan a raudales en honor a San Silvestre (aunque según me han contado no es complicado poder beber cerveza por la calle o incluso en el metro, ¿para qué se va a necesitar conmemorar a ningún Santo?). También hay quien se lanza desde una silla hasta el suelo para simbolizar ese “salto” al año que entra.

Y en Escocia tienen una fiesta llamada Hogmanay: queman un barril de madera y se echa a rodar por las calles para permitir el paso del nuevo año. Después de la medianoche, los rasgos de la primera persona que entre en casa para presentar su “primer pie” son la clave de lo que va a deparar el año: un morenazo/a (el cabello negro significa buena suerte) alto/a de buena percha es símbolo de buenos augurios, pero alguien paliducho o con cuerpo-estufa traerá mala suerte… ¿Os imagináis yendo a casa de alguien y que no te dejen entrar, para que no les dé mal fario?: “¿Qué me quieres decir, que soy un coco? Tu p*t* madre, ¡¡¡hombre ya!!!”. Yo, sin embargo, no tendría problema. Seguro que puedo entrar con honores en cualquier hogar escocés en Año Nuevo.

En Japón celebran la llegada del año durante ¡15 días! Eso no puede haber cuerpo que lo resista, al menos al ritmo español del bebercio y del comercio. Pero más raro es lo que he leído sobre las muchachas “casaderas” en Rumanía: las que aún no se han casado van a un pozo con una vela, y dicen que el reflejo de la llama dibuja en el agua el rostro del que será su futuro marido; otra opción es colocar una rama de albahaca bajo la almohada, para que el sueño de esa noche tenga como protagonista a su caballerete.

Girar sobre uno mismo para cambiar la suerte, recibir el 1 de enero con el pie derecho apoyado en el suelo, tirar por la ventana los calendarios y los papeles viejos, encender velas con distintos significados… Siempre hay un pequeño hueco para la superstición, no vaya a ser que… ¡No vamos a ignorar el éxito que nos espera!

Ya está aquí 2010… parece que suena bien, ¿no? ¡Mejor sabrá!

2 comentarios:

  1. Venga, hablemos de qué es lo que hacemos todos los años nada más comernos las uvas, cuál es nuestro primer acto, el cuál influirá en el resto del año...:

    Yo no me hago esperar, y mientras la gente se come las uvas me dedico a tirarles las mías a la cara, a veces incluso uso mi propia boca de cañón propulsor... en el momento se ríen, porque saben que si no lo hacen estarían admitiendo que le dan a ese acontecimiento una importancia que no tiene, pero yo creo que que a algunos les jode un poco... jijiji...

    Y ya está, ese es el primer buen acto que hago cada año... Viva yo!!

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  2. Recuerdeme usté que no le tenga nunca cerca a la hora de las campanadas para no recibir un uvazo. Gracias.
    (Serán cerrrdos...).
    ¡Felices años nuevos!

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